E

Estás a punto de morir ahogado en el vaso de rutina que te consume,
a punto irremediablemente de convertirte en araña, mimético de Samsa,
trasnochado pájaro de medianoche, café de guardia y té moribundo,
a un paso de jugar con las piedras del fondo de tu abismo, creyendo que es sílex,
tú, que tienes herramientas para crucificarte,
para dar un paso más hacia la libertad de una mosca, perdido en los escombros
de un edificio que aún no cae,
y asomar por la cerrada ventana, y respirar,
el aire húmedo de cueva que llega de la ciudad,

cuando habla un violín,

un instrumento Dios en medio de la Nada, nada cotidiana de Zoé,
un simple instrumento celestial en medio del silencio de la noche.

Entonces, el aire meloso, arrepentido y trémolo,
tapiza las paredes de tu habitación,
la onda de cuerda viaja a la sensación de escape y naufragio que te pertenece,
a la estúpida idea de salir corriendo por la cerrada ventana, desnudo, presa oriunda de locura, como un cuerdo,
y la soledad ya es un hecho.

El diapazón del instrumento retumba en el estribo de tu oído interior,
y deliras.

a.c.rey.07.2008

Hay 6 comentarios

  1. milmusas

    ¿También pertenece a la adolescencia? Enhorabuena, qué talento! Me admira la sensibilidad temprana, yo aprendí a enamorarme de la poesía después de años de carrera de filología hispánica…

  2. GeNeRaCiOn AsErE

    En una de esas calles estrechas y casi siempre mojadas de Breda, hace ya como diez años caminaba regreso de la Escuela a Katjeskelder y me tropecé con un violinista que evadía la escarcha dándole duro a Verdi. El hombre terminó justo al pasar por su lado, no le pude dar ni un baro –porque no lo tenia- pero me jodió tanto que estuviera allí, con su violín, miserable y solo, pero sobre todo ‘grande’, que solo por para darle algo le di un aplauso. Por supuesto que luego nos dio una pena a los dos del carajo, pero aun ahora guardo nítido aquel recuerdo, y eso es lo más cerca que tengo de un Stradivarius.

    Gracias por visitarnos y por sus poemas. Un abrazo.

  3. ACRey

    Permíteme llamarte Asere, cuando hace años que no digo esa palabra para referirme a alguien.
    Imagino también ese momento y es tan bello como tan triste. Los músicos callejeros fue algo que me chocó cuando llegué a Europa, y aunque pase el tiempo aún me conmueven.
    Un abrazo, asere¡¡


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